EL FIN DE LA SOBERANÍA

Cuando escuchamos la palabra soberanía es común que la asociemos con la capacidad que tiene algún ente estatal en sus decisiones internas y en su postura respecto a su situación dentro del juego global. La soberanía también es asociada a la protección del territorio y de los individuos que se ubican dentro de dicho espacio geográfico, así, la forma que reviste la soberanía por lo común es una forma de poder, específicamente poder político traducido en un ordenamiento político-jurídico que determina las relaciones que se presentan tanto al interior de un Estado, como las relaciones frente al exterior.

Ahora bien, debemos de estar concientes que la soberanía no solo la debemos concebir en términos políticos, sino también en términos económicos, por lo mismo la soberanía nacional está integrada por una soberanía política que permite a una comunidad política unitaria poder auto-determinarse, ejercer un estado de derecho justo y tener legitimidad política y por una soberanía económica que en esencia expresa la capacidad que tiene el Estado de controlar sus recursos estratégicos, entiéndase recursos naturales y recursos humanos. Si la soberanía nacional permite a un Estado satisfacer las necesidades esenciales de su población dentro de un territorio podemos estar seguros de que la construcción estatal puede permanecer y tener una vigencia en el tiempo, si por el contrario la soberanía nacional se encuentra en riesgo o peligro y por ende está siendo apropiada por actores ajenos al beneficio comunitario, la esencia social, humana y racional del Estado deviene vacía y por lo mismo insuficiente para satisfacer las exigencias para lo que fue creado. Si la soberanía política y la soberanía económica se pierden o se subordinan a algún ente estatal o sujeto social no estatal ajeno al interés colectivo nacional, la soberanía como totalidad no existe y es que no se puede hablar de una soberanía si no se controlan las categorías esenciales que integran a un Estado.

Quiero contextualizar lo anteriormente resumido en el caso mexicano, si bien constantemente estamos recibiendo información falsa sobre la capacidad y el control que tiene el Estado respecto a su soberanía, la realidad objetiva coyuntural nos permite corroborar cual grande es la perdida de soberanía que actualmente aqueja al Estado mexicano.

El ejemplo inmediato son las elecciones del pasado 2006 y el aumento en el precio de un producto esencial para la vida-cultural mexicana, en este caso la tortilla. Lo que presenciamos el año 2006 fue una perdida total de soberanía política, si bien el proceso electoral fue calificado como valido por el Tribunal federal electoral, dicho proceso denota una falta de certeza que por ende genera que el principio de legalidad se vea afectado, sin embargo hemos sido testigos de que la élite política ha hecho lo imposible por sostener a un individuo que responde a intereses ajenos a los de la nación, hemos sido testigos que lo que persigue políticamente el seudo-gobierno de Calderón, es una subordinación total a los dictados políticos del imperio. Por otro lado, en el sentido económico, el ejemplo más dramático de la perdida de soberanía es el aumento de la tortilla que ha generado un descontento generalizado en la sociedad, y es que ¿como justificar que México siendo uno de los principales productores de maíz, sufra por dicho bien?. La subordinación de facto que está realizando este gobierno ajeno a los intereses nacionales solo refleja que se pretende generar un reacomodo estructural en la lógica de la dominación, en primer lugar, políticamente Calderón está incapacitado para tomar decisiones con autonomía ya que sigue las políticas dictadas por el imperio americano, en segundo lugar es incapaz de controlar los recursos naturales como el maíz y su precio en la realidad mexicana, aunado a esto es incapaz de controlar el descontento social, expresado por el recurso humano que ve en sus políticas económicas la continuación de la explotación y la entrega de los recursos esenciales nacionales a las economías imperialistas y en primer lugar a la economía yanqui.

Que pasa cuando un país tiene la capacidad de ejercer su soberanía nacional pues por obvias razones se genera una política económica incluyente que satisface las necesidades de todos los miembros comprometidos con la nación, todo lo contrario sucede cuando la soberanía nacional está subordinada a intereses de una oligarquía nacional que responde a los intereses del imperialismo, aparece una política económica excluyente que no satisface los intereses de la nación, sino que responde a un pacto de minorías, a un pacto de élites que se disocian del interés colectivo.

Revista Estudiantil Conciencia Negativa No. 1

FES-Acatlan-UNAM / 2007

Víctor Daniel García García

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