El “Buen Fin” y el Consumo como Acto Político

Desde hace un par de años, en México se viene reproduciendo una política mediática orientada, según los discursos oficialistas, a impulsar el mercado interno y fortalecer la economía nacional. Mediante la lógica de impulsar un fin de semana donde las grandes, imagesmedianas y pequeñas empresas reduzcan los precios de los productos y servicios, las autoridades en turno y los representantes empresariales (principalmente) se presentan como los paladines de las exigencias que la opinión pública genera a partir de promover el evento llamado “El Buen Fin”.

Desde distintos puntos de vista, esta acción conjunta entre gobierno y empresarios, puede obtener críticas serias,  que encuentran su fundamento en que solamente se engrasa la máquina de consumo irracional que a final de cuentas impulsa el consumo irracional e innecesario (consumo irresponsable), que tiene como trasfondo una forma de esclavitud moderna, que es moderada por las grandes corporaciones. Una esclavitud alienada que no pone atención en entender las lógicas de explotación (humana y ambiental) y de tercerización del trabajo que se presentan para la generación del bien que adquieren.

En este sentido, es importante reflexionar que el consumo irracional que se impulsa con “El Buen Fin” no se corresponde con la realidad de los ingresos económicos que las familias desembolsaran, por los mismo los hábitos de compra irresponsables que se transmitirán en días cercanos en medios de comunicación,  se pueden entender como un respuesta racional del individuo, una respuesta autointeresada a sus alternativas limitadas que el sistema les permite.

Actualmente, el proceso relacional de producción, intercambio, distribución y consumo de los bienes, que para el marxc2bfel-buen-fin-para-quienismo era el proceso donde se genera la riqueza y el desarrollo de los países, se  encuentra liderado por las políticas empresariales de las empresas, que utilizan las estructuras política administrativas de sus Estados-Nación de origen para mantener incólume la lógica de diferenciación internacional del trabajo y por ende el intercambio desigual entre economías desarrolladas y no desarrolladas.

Por lo mismo, desde mi posición, frente a estas “políticas” de consumo irracional, debemos posicionar la idea del consumo como acto político, a partir de rechazar y cuestionar. Rechazar las prácticas de apoyar el incremento de la plusvalía de las grandes empresas y almacenes a partir de trabajar mediáticamente a la ciudadanía a través de un “buen fin”. Cuestionar la falta de ética de las empresas con sus empleados, que se convierte en un doble discurso, escondiendo las lógicas de explotación, las condiciones laborales de esclavitud, y la autorregulación voluntaria empresarial, a partir de sus programas de responsabilidad social corporativa que en el fondo sólo simulan intervención y preocupación empresarial por el uso irracional de los recursos naturales y humanos.

Soc. Víctor Daniel García García

12/11/2013

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